En medio de una campaña gubernamental que llama a la ciudadanía a limitar su consumo de agua a 100 litros diarios por persona, el propio gobernador de Nuevo León, Samuel García, ha sido señalado por mantener un consumo personal que multiplica por más de veinte esa cifra. La controversia surgió después de que el mandatario publicara en sus redes sociales su recibo de Agua y Drenaje, donde se muestra que, solo en una de sus propiedades, consume alrededor de 65 mil litros al mes, es decir, más de 2,100 litros por día.
El dato no tardó en generar críticas. No solo por el alto volumen de agua consumido, sino por la incongruencia con el discurso oficial. Mientras miles de ciudadanos han tenido que restringir el uso del recurso vital por los problemas de sequía y desabasto, el gobernador ha sido exhibido por mantener un estilo de vida que implica uso excesivo de agua, presuntamente para jardines, albercas y mantenimiento de sus propiedades.
Una campaña que no aplica a todos
En 2022, el gobierno estatal lanzó la campaña “Ciudadanos de 100”, con el objetivo de concientizar sobre el uso responsable del agua. La iniciativa pedía a cada persona limitar su consumo a 100 litros diarios, recomendando duchas breves, reducción de riegos y reparación de fugas. En un contexto donde Nuevo León enfrentaba una de las peores crisis hídricas de su historia reciente, la campaña se volvió una medida de emergencia para mitigar los efectos de la sequía.
Sin embargo, el mensaje pierde fuerza cuando el propio titular del Ejecutivo no se ajusta a las reglas que promueve. Al dar a conocer su recibo, Samuel García presumía estar al corriente con sus pagos, pero sin querer reveló que su hogar consume más de 65 mil litros en un solo mes, equivalentes a más de 700 litros diarios por persona si se calcula en función de los miembros de su familia.
Esto no solo contrasta con el objetivo de la campaña, sino que genera una sensación de privilegio e impunidad. Muchos ciudadanos se han visto obligados a cambiar sus rutinas diarias, cancelar actividades, e incluso pagar más por servicios alternos de agua potable. En ese contexto, el consumo excesivo del gobernador no solo luce excesivo, sino insensible.
💧¿Recuerdas la campaña de “Ciudadanos de 100”, donde el gobierno te pedía solo usar 100L de agua diarios? Pues Samuel ha sido el primero en romperla con sus 3 mansiones con jardines y albercas. Un recibo que él mismo publicó muestra que usa 65 mil litros al mes.
— Código Regio (@CodigoRegio) July 30, 2025
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Críticas por el estilo de vida de Samuel García
La imagen pública de Samuel García ha sido constantemente cuestionada por su afán de proyectar una vida de lujos, viajes y comodidades. Desde el uso de vehículos deportivos hasta su presencia constante en eventos de alto perfil, el gobernador ha sido acusado de priorizar su imagen personal sobre las necesidades reales de la población.
El recibo de agua no es un hecho aislado, sino que se suma a una serie de acciones que han sido percibidas como contradictorias. Mientras pide austeridad, su gobierno ha sido señalado por gastos excesivos en publicidad, eventos masivos, y viajes oficiales cuya utilidad pública es discutida.
El derroche de agua en su hogar, en medio de una emergencia hídrica en diversas colonias del área metropolitana, ha encendido aún más el malestar entre los ciudadanos. Especialmente en municipios donde los cortes de agua son frecuentes o donde el servicio llega con baja presión, la pregunta que se repite es: ¿por qué quienes gobiernan no aplican lo que exigen?
Falta de coherencia en el discurso oficial
El contraste entre el discurso ambientalista del gobierno estatal y las acciones de sus funcionarios ha generado un ambiente de desconfianza. Samuel García ha insistido públicamente en la necesidad de cuidar el medio ambiente, promover la sustentabilidad y construir una “nueva visión” de desarrollo para el estado. Pero sus propias acciones han sido vistas como contradictorias.
El mensaje de austeridad hídrica, cuando viene de un gobernante que supera por veinte veces la meta impuesta a la población, simplemente pierde credibilidad. La coherencia entre lo que se dice y lo que se hace es fundamental para generar confianza y fomentar participación ciudadana. Cuando eso no sucede, la percepción pública se deteriora.
Además, no se ha explicado públicamente cuántas propiedades tiene el mandatario, cuánto suman en total sus consumos y si las cifras reveladas corresponden solo a una residencia o al conjunto de sus bienes inmuebles. Esta falta de transparencia genera aún más dudas sobre el verdadero impacto de su estilo de vida en el suministro del recurso en la entidad.
Doble discurso e indignación social hacia Samuel García
Las redes sociales no tardaron en reaccionar. Decenas de usuarios criticaron la publicación del gobernador, no por el hecho de mostrar su recibo, sino por la falta de autocrítica respecto a su consumo. Muchos recordaron que mientras él gasta más de dos mil litros diarios en su hogar, familias enteras en colonias populares deben organizarse para llenar tinacos durante la madrugada, ante la intermitencia del servicio.
También se ha señalado la incongruencia ética de usar recursos como el agua —que son parte del patrimonio colectivo— sin dar ejemplo de austeridad, especialmente cuando desde el poder se lanzan campañas que responsabilizan a los ciudadanos del ahorro, pero no se fiscaliza el consumo gubernamental o de altos funcionarios.
El debate va más allá del agua. Para muchos, esto simboliza la desconexión de la clase política con la realidad que vive la mayoría, una especie de “burbuja de privilegio” que permite justificar actos que, en cualquier otro contexto, serían cuestionados severamente.
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