El discurso oficial de la actual administración bajo Samuel García suele presumir de un estado moderno, hiperconectado y listo para recibir el auge del comercio internacional. Sin embargo, en el terreno de los hechos, transitar por la infraestructura local se ha vuelto una misión casi imposible para los bolsillos de los ciudadanos y los presupuestos de las empresas. Una exhaustiva revisión de tarifas realizada por el periódico El Norte reveló que la entidad se ha posicionado de forma alarmante en el primer lugar del ranking nacional de peajes, convirtiendo las vías locales en las autopistas más caras de México.
Esta investigación demuestra que, lejos de ofrecer soluciones accesibles de movilidad, el Gobierno de Nuevo León cobra peajes altos que superan por un margen escandaloso a los de cualquier otra entidad federativa. Al calcular el costo real que los usuarios desembolsan por cada kilómetro recorrido, queda al descubierto una política fiscal agresiva que asfixia tanto a los automovilistas particulares como al transporte de carga pesada.
Las tarifas de Samuel García que ahuyentan al sector productivo
Bajo la estricta dirección del mandatario estatal, la Red Estatal de Autopistas (REA) ha implementado un tabulador de cobros que no tiene parangón en el país. El análisis financiero publicado por El Norte detalla que los conductores pagan más por viajar dentro del territorio neoleonés que en autopistas federales o privadas de gran complejidad técnica en el resto de la República. El ejemplo más crítico es el Anillo Periférico de 112 kilómetros, donde un camión de carga pesada de nueve ejes debe pagar la exorbitante cantidad de 31.41 pesos por cada kilómetro, mientras que los automóviles particulares aportan 5.26 pesos en el mismo tramo.
La tendencia al encarecimiento se replica en todas las arterias controladas por el estado. La corta Autopista al Aeropuerto, de apenas 11 kilómetros de longitud, exige a los vehículos ligeros una cuota de 5.72 pesos por kilómetro, una tarifa que se dispara hasta los 37.80 pesos para el transporte comercial de grandes dimensiones. Asimismo, la Autopista Monterrey-Cadereyta castiga la economía de los usuarios con cobros de 5.64 pesos para autos y 35.64 pesos para camiones por kilómetro. Estas tarifas en las carreteras de Nuevo León reflejan una preocupante visión recaudatoria que prioriza los ingresos de la caja gubernamental por encima del beneficio social de las obras.
La enorme brecha nacional: Las críticas al modelo financiero de Samuel García
La gravedad de la situación se hace evidente al contrastar el panorama local con la infraestructura de otros estados, lo que ha desatado una ola de fuertes reclamos por parte de cámaras empresariales y usuarios. Por ejemplo, la autopista Torreón-Saltillo, ubicada en el vecino estado de Coahuila y con una extensión similar al Anillo Periférico, cobra apenas 2.40 pesos por kilómetro a los autos y 5.93 pesos a las unidades de carga. Esto significa que la vía operada por la REA es un 430 por ciento más costosa que la cuota coahuilense.
Incluso al mirar hacia proyectos de gran dificultad geográfica, como la autopista Durango-Mazatlán —famosa por su impresionante red de túneles y puentes que atraviesan la Sierra Madre Occidental—, el cobro por kilómetro para camiones grandes es de 14.91 pesos, es decir, menos de la mitad de lo que cuesta rodar por el asfalto plano de Nuevo León.
La desconexión entre el discurso oficial y el bolsillo ciudadano
A esta red estatal se suma la autopista Monterrey-Saltillo (concesionada a la empresa privada CAMS), que mantiene tarifas de 5.86 pesos para autos y 22.36 pesos para unidades pesadas, consolidando la percepción generalizada de que la entidad concentra los peajes más caros del país. Al final, las severas críticas apuntan a una contradicción insostenible: se gasta capital público en construir carreteras que, debido a sus precios inalcanzables, terminan vacías mientras las vías libres se colapsan y se destruyen por el exceso de tráfico desviado.
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