Mientras el Gobernador Samuel García Sepúlveda y su esposa Mariana Rodríguez saturan las redes sociales con filtros, reels y promesas de un “nuevo” Nuevo León de primer mundo, la realidad debajo del pavimento cuenta una historia de negligencia y peligro. Las lluvias de ayer 7 de mayo no solo desnudaron la vulnerabilidad de la infraestructura pluvial; confirmaron que la construcción de la Línea 4 del Metro es, hoy por hoy, un tapón mortal para Nuevo León.
El “capricho” de Samuel García que bloqueó el drenaje
La crisis que vivieron miles de ciudadanos anoche, con autos arrastrados en Fidel Velázquez y avenidas convertidas en ríos, tiene un origen técnico documentado desde octubre de 2025. El ambicioso proyecto de Samuel García, lejos de ser la solución de movilidad prometida, ha invadido el sistema de drenaje pluvial de forma negligente.
Especialistas han confirmado que los pilotes de la Línea 4 fueron incrustados directamente en el colector troncal de la Avenida Constitución. Estos enormes tubos de concreto actúan como represas, reteniendo basura y reduciendo drásticamente la capacidad de desfogue hacia el Río Santa Catarina. Han pasado meses desde las primeras advertencias y el gobierno ha preferido ignorar el daño estructural para no detener la foto de la obra terminada.
Samuel García y Mariana Rodríguez: ¿Influencers o gobernantes?
El contraste es indignante. En las pantallas de los celulares, vemos a la pareja “fosfo-fosfo” presumiendo el Mundial 2026 y una modernidad de aparador. En las calles, los regios sufren las consecuencias de una administración que parece gestionar el estado como si fuera una agencia de publicidad.
¿Cómo pretende Samuel García recibir a millones de turistas cuando su obra insignia está provocando que avenidas principales como Gonzalitos colapsen ante cualquier lluvia? La gestión de riesgos ha sido sacrificada en el altar de la estética política.
Mientras ellos celebran alcances de audiencia, la ciudad cuenta 50 vehículos varados y, lamentablemente, una vida perdida en Ciudad Solidaridad por corrientes que el drenaje —hoy obstruido por el Metro— debió mitigar.
Daños de la L4 del Metro: Una negligencia que ya no se puede ocultar
La soberbia de no reparar los daños detectados en 2025 es el sello de esta administración. Los expertos fueron claros: era necesario remover pilotes y ampliar el caudal. En lugar de eso, Samuel García y el consorcio encargado han seguido adelante, dejando una “bomba de tiempo” bajo tierra.
Monterrey no se inundó ayer solo por el clima; se inundó por la falta de seriedad técnica de un gobierno que prioriza el impacto visual sobre la seguridad civil. Es hora de que el Gobernador deje el teléfono y atienda el desastre que sus pilotes están causando antes de que la próxima tormenta cobre más facturas irreparables.
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